El 4 de julio se inaugura la exposición LABOR es, que podrá verse en la galería Astarté, calle Monte Esquinza 8, hasta el 25 de julio y durante el mes de septiembre.

Comisariada por Concha Romeu López de Sagredo en ella participan 18 artistas:                                        Amparo de la Sota, Ana Pérez Pereda, Berta López, Carmen M.Castañeda, Concha García, Concha Romeu, David Catá, Estefanía Martín Sáenz, Louisa Holecz, María Bueno, María Ortega, Mercedes Laguens, Nani Marquina, Natalia Auffray, Rafael Reverón-Poján, Shirin Salehi, Stina Lunden y Trinidad Irisarri.

Tirando del hilo hemos ido encontrando y reuniendo a una serie de artistas que, quizás sin ser conscientes de ello, comparten una mirada nostálgica hacia el pasado, hacia su infancia, un amor declarado a las “labores” que simbolizan el hogar, que es seguridad, calor, refugio y amor. Y también homenaje a aquellas madres y abuelas volcadas en el cuidado de los suyos, nosotros, sus hijos y nietos.

Sus escudos, delantales y tapetes, servilletas, babis y baberos; sus herramientas, agujas e hilos, dedales y tijeras, agujas de tejer y ganchillos. Su misión, protegernos del frío y de las manchas, reparar agujeros y desgarrones, zurcir y remendar; en fin, crear un entorno seguro y confortable. Y a veces protegernos de los monstruos que se esconden debajo de la cama o en el armario, porque en todos los hogares se esconde alguno.

Las telas y los hilos se entretejen con nuestra vida, con nuestros recuerdos, nos acompañan desde siempre y ahora se ponen al servicio de nuestro discurso para contar una historia, nuestra historia, porque siempre hablamos desde lo nuestro.

“La aguja tiene una función reparadora” decía Louise Bourgeois, y coser es unir, y costura y sutura nacen de una misma raíz. Y la sutura es “la costura que cierra los labios de una herida” pero en este caso no se trata de silenciar sino de decir, de reparar, de recrear, de mostrar y sacar a la luz.

Porque no hay reparación posible si antes no ha habido destrucción, roto, desgaste o desgarro.

Y aquí estamos, sin perder el hilo, sin rasgarnos las vestiduras, hilando fino y atando cabos, “armados” hasta los dedos con las armas que hemos heredado.

Y tan contentos, hoy nuestra labor es cosa de coser y cantar.

¡Y lo vamos a bordar!